Marcelo Estefanell

Silencios nocivos

Es bien sabido que el ocultamiento de información, o el retaceo, solo conduce a la suspicacia y, lo que es peor, permite que el rumor se difunda como un gas venenoso.

Actualizado: 17 de enero de 2012 —  Por: Marcelo Estefanell

Y esto viene a cuento porque los cuidadanos (más allá de algunos trascendidos de prensa) seguimos ignorando los informes técnicos sobre la calidad del medio ambiente en las costas del Río Uruguay, o, más precisamente, en su relación con la planta de celulosa UPM en Fray Bentos.

Parece mentira que luego de resolverse —aunque sea parcialmente— el conflicto con Argentina, sigue siendo un misterio el resultado de las mediciones en los dos márgenes del río.

Ante estos hechos, uno tiene todo el derecho de exigir estar informado, y más aún quienes viven a lo largo de la costa del río Uruguay. Después de todo, desde los funcionarios de la CARU, pasando por la comisión binacional y siguiendo por la Cancillerías de ambos países, son nuestros empleados.

Mientras sigamos ignorando sus trabajos y, más aun, sus resultados, solo podemos barajar diferentes hipótesis. Y dado que los obstáculos para no dar a conocer los informes sobre la situación ambiental del río la ponen los delegados argentinos, no es aventurado pensar que no les conviene que se sepa que UPM respeta el medio ambiente dentro de parámetros aceptables. Otra especulación, complementaria de la anterior, es que los fluentes del río Gualeguaychú y su parque industrial, sí contaminan; en consecuencia, la inflación ambientalista que ha reinado en la provincia de Entre Ríos se desinflaría como un globo pinchado, por decir menos, y produciría un shock político y social, por decir más.

Es paradójico que quienes están a cargo de cuidar el medio ambiente y la calidad de ese enorme nicho ecológico que es el río Uruguay y su entorno, con su silencio encorsetado por disensos y requiebros diplomáticos, esté contaminando la confianza política que le cedimos los pueblos para llevar adelante la tarea.

No se olviden que tenemos derecho a saber dónde se contamina, dónde no, y cómo se pueden corregir los desarreglos que los humanos hemos hecho a lo largo de todo el río.

Le duela a quien le duela, la verdad, por más relativa que sea, tiene que saberse.



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